Dos días, empiezo a contar las horas, ¿qué es de ti? Comienzas a ser el motor de inspiración de todas mis noches. Quiero tus caricias, tus besos, tu risa llenándome de dicha.
Oh, tú, tú, no te vayas, no me dejes ir. Quedémonos aquí para siempre, vamos a la galaxia más lejana hasta que nuestros pies no den más, recorramos el mundo y mil mundos después sin aburrirnos de este amor tan absurdo e ilógico. Conversemos hasta el amanecer. Mírame a los ojos, quiero ver mi reflejo -pútrido- en tu pupila.
No ames a nadie más, te lo pido. Sólo la idea me llena de amargura.
¿Qué me pasa?, el amor que siento ya parece mentira.
Torpe, así estoy, risueña, torpe, eres el único que vive en mi mente.
No dejes que me imagine un futuro contigo, no dejes que me haga ilusiones. Bastante decepciones he pasado para aguantar otra. Dame tu presente y yo te daré el mío, olvidemos nuestros pasados juntos y vivamos, vivamos el ahora, disfrutemos sin contar el tiempo, contemplémonos como si fuera el amor más puro y verdadero.
Observemos nuestro alrededor, subsistiremos las carcajadas infinitas y veré tus ojos de nuevo. Ese color que cautiva sin querer, esa mirada sin intención de conquistar.
Todo esto terminará, sí, algún día. No sé cuándo, y en este momento es lo que menos quiero. Por eso, ven, no te vayas, no hagas que te extrañe, no dejes que te necesite. Amémonos sin parar, sintamos el sabor de nuestros besos. Tú, tú, sólo tú. ¿Pareciera -acaso- que estuviera enamorada?
Oh, cierra la boca y deja de decir tanta estupidez junta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario